Cuando el mar ruge, la tempestad es inevitable...
las olas golpean el corazón, salpicando en el rostro
silenciosas gotas de sal...
El concierto de Poseidón comienza despacio
pero
imparable, la fuerza del agua purifica el alma
al precio de despertar viejos y olvidados males.
La calma llega al final,
y la sabiduría me espera en alguna parte...
Dedicado a la heroína que agotada sobrevivió al duro oleaje.