sábado, 11 de marzo de 2017

En busca del tiempo perdido

(Extracto del libro de Marcel Proust)
"Pero para mí no era bastante si, en mi propia cama, tenía un sueño tan profundo que me relajaba totalmente la conciencia; ya que entonces perdía todo el sentido del lugar donde me había ido a dormir, y cuando me despertaba en plena noche, no sabía donde estaba, y al principio ni siquiera podía estar seguro de quién era; sólo tenía el sentido más rudimentario de la existencia, como el que podía haber latente e intermitente en lo más profundo de la conciencia animal; estaba más desnudo que los habitantes de las cavernas, pero entonces la memoria, no del lugar donde estaba, sino de todos los demás lugares donde había vivido antes y donde ahora podía estar muy probablemente, me caía como una cuerda desde el cielo para subirme del abismo del no ser, de donde no podía haber salido por mísmo: en un breve instante atravesaría siglos de civilización, y a partir de una visión borrosa de lámparas de aceite, luego de camisas y cuellos vueltos, reconstruía los componente originales de mi ego".

sábado, 10 de diciembre de 2016

Claridad de pensamiento

Nuestro cerebro traza caminos cada vez que generamos un pensamiento. Si repetimos un pensamiento a menudo, el cerebro « aprende «  esa ruta y cada vez le cuesta menos ejecutarla. Podemos comparar a caminar por un bosque, si un camino es poco frecuentado, habrá más maleza y arbustos que puedan dificultar la travesía. Sin embargo si mucha gente usa esa ruta, el rodamiento hace que el camino aparezca más despejado y sea muy fácil atravesarlo. Al cerebro le cuesta menos energía repetir patrones, que crear nuevos. Sin embargo, si entrenamos a nuestro cerebro con muchos « caminos «  diferentes (es decir generamos nuevos pensamientos) entonces la neurociencia dice que la red de caminos a disposicion crece. Tener una mayor red de conexiones cerebrales amplia nuestra claridad de pensamiento.


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domingo, 30 de octubre de 2016

Moralidad tecnológica y responsabilidad ética virtual

Son términos que empiezan a escucharse y que parecen no casar bien, pero ya son realidad. La tecnología avanza a un ritmo tan rápido que a veces se olvidan conceptos importantes como ética y moralidad, que nos afectan directa e indirectamente. El otro día veía una charla en TED sobre una airada mujer que ha trabajado muchos años en el campo de la inteligencia artificial y que se enfadaba al ver cómo mucha gente delegaba cada vez más la responsabilidad moral a las máquinas y los algoritmos de decisión. Estos algoritmos pueden estar diseñados para tener en cuenta determinados factores, números, hechos... y devolver la mejor respuesta de acuerdo a unos parámetros predefinidos. Estos parámetros pueden estar mal configurados y producir resultados injustos o que jamás devolvería una persona humana. Y lo peor es que pueden lanzar predicciones sobre individuos que jamás lleguen a realizarse y que las compañias interpreten como posible riesgo (en el caso de predicciones negativas) penalizando al individuo en cuestión. Por ejemplo si un algoritmo que ha monitorizado patrones de comportamiento de una persona durante años, predice que existe un 60% de probabilidad de que esa persona desarrolle depresión en los próximos 6 meses. Esta información podría tener un efecto devastador en la vida de esa persona a la hora de buscar trabajo o un seguro médico por ejemplo. ¿Es entonces correcto publicar esa información sólo porque un algoritmo lo ha determinado como probable y anular nuestra responsabilidad moral para evitar una injusticia? A veces me asusta un poco esa visión de una tecnología nacida supuestamente para hacernos la vida más fácil y que acabe convirtiéndose en nuestro peor enemigo en manos de gente despiadada...
Aquí os dejo la charla de la mujer indignada... y con razón.

jueves, 29 de septiembre de 2016

¿Por qué es tan difícil escuchar las emociones?

A veces me doy cuenta de lo difícil que es encontrar a gente capaz de hablar abiertamente de las emociones, ya sea de las propias o de las del prójimo. Cuando he tenido la necesidad de exteriorizar una emoción delante de otras personas, me he encontrado con que a veces prefieren mantener el silencio, ignorar la conversación y no hablar del tema. ¿Por qué? Independientemente de que tengan más o menos interés en mis sentimientos, veo que estas personas normalmente se sienten incómodas hablando de emociones. Incluso cuando he probado directamente a preguntarles por las suyas propias, la reacción ha sido parecida. ¿Tiene miedo la mayoría de la gente a hablar desde el corazón? Ahora entiendo por qué tantos seres humanos necesitan acudir a un psicólogo... porque en nuestro entorno de familiares y amigos es difícil encontrar a gente capaz de escuchar y compartir las emociones.
(Photo by Sem Steenbergen from Pexels)

Resulta divertido que viniendo como venimos de los monos, animales sociales por naturaleza y que viven en grupos, la sociedad nos esté transformando en seres aislados y solitarios. Precisamente en esta era de la globalización y las conexiones virtuales que ahora vivimos, se hace más evidente la soledad tan profunda que mucha gente del primer mundo sufre.

Jung y la naturaleza animal pagana

 "Las fuerzas instintivas condenadas en el hombre civilizado son mucho más destructivas y por lo tanto más peligrosas que los instintos...